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Verano desafiante para los Guardianes del césped de Wimbledon

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Verano desafiante para los Guardianes del césped de Wimbledon

Eddie Seaward, Wimbledon

Leido en The New York Times

Por GREG BISHOP en The New York Times
Published: June 24, 2012

“Es el único momento en el que a cada cosa se le presta la máxima atención, incluso cada brizna de césped se convierte en un misterio, impresionante, indescriptible y magnífico mundo en sí mismo.”
Henry Miller

BINGLEY, Inglaterra – A unos 200 kilómetros al norte de Londres, hay un campo. Se encuentra muy por encima de Aire Valley en Yorkshire, atravesando un camino sinuoso, en las praderas históricas de St. Ives Estate.

Este campo está dividido en secciones, que se dividen en pequeños subsecciones, formando una colcha inmensa. El césped no coincide. Sus diferentes zonas, contienen cientos de especies de césped. Sus colores contienen miles de tonos de verde: desde verde bosque, a verde cazador a verde lima; testados con
fertilizantes; trabajador por máquinas; y cortado al milímetro. Todo en nombre de los deportes.

El famoso césped de Wimbledon, sinónimo del torneo de tenis del Grand Slam, está cerca del centro del campo. Es una réplica de la Pista Central de Wimbledon, el césped más famoso del deporte, sólo que más pequeño y sin usar.

Los guardianes de la hierba de Wimbledon se enfrentan a una prueba sin precedentes este verano, con dos torneos con menos de 3 semanas entre ellos: el Lawn Tennis All England y el Croquet Club, Wimbledon que comienza el lunes y el torneo olímpico de tenis que comienza el 28 de julio.

Andy Newell, WimbledonEl cuidador del parche de Wimbledon es Andy Newell. Trabaja para el Sports Turf Research Institute (S.T.R.I.), sede de físicos, químicos, agrónomos, biólogos e ingenieros, todos los cuales comparten una objetivo central en sus trabajos: ver crecer el césped. Newell es el Director del área de biología del césped; su hobby, los bolos sobre hierba. Él no ve su trabajo como algo idílico.

“Puedes decirle a la gente que trabajas en la industria del césped” dice “porque una vez que ellos ven la hierba, no pueden levantar la vista”.

A los fanáticos del deporte en Gran Bretaña, junto con las audiencias de todo el mundo del golf, fútbol, tenis, carreras de caballos, el rugby y el cricket, les sería difícil pasar por alto la influencia de S.T.R.I. Es consultado por los máximos organos rectores del fútbol como la FIFA y la UEFA, así como de los Juegos Olímpicos de Londres, el British Open y Wimbledon, entre otros.

Para los alrededor de 70 empleados del instituto, el césped es algo más que una superficie de color verde para hacer un picnic. El césped está destinado a ser objeto de disección, estudio, cultivo, ayudado en su crecimiento, defendido de plagas, cortado y a pesar de ello amado. Estos cuidadores del césped conocen los
cinco criterios para que las pistas del torneo de Wimbledon esté en un estado ideal. Ellos saben como conseguir que la pelota tenga un rebote óptimo a traves de mediciones gravitatorias. Ellos conocen la “Batalla Botánica” y la forma de ganarla.

Ellos saben incluso que el suelo que existe bajo la legendaria hierba de Wimbledon es en realidad un 23% de arcilla.

Lo que ellos no saben, aparentemente, es que este hogar de cuidados para el césped, el S.T.R.I., envió un correo electrónico recientemente pidiendo voluntarios con suficientes conocimientos para probar algunos metros. Ninguna persona respondió.

El manual para el mantenimiento del césped de Wimbledon está detallado en 33 páginas. Inmediatamente, lo primero que dice es que la superficie de juego del tenis afecta más de lo que hace en otros deportes. El manual también dice que para que la hierba en el tenis sobreviva tiene que competir con otras superficies.

Continúa con algo inquietante: “Si no lo hace esto podría desembocar en la desaparición del césped como una superficie internacional para el juego”.

Ellos se toman su césped muy en serio en Wimbledon, donde miles de visitantes recorren las canchas cada semana, un cartel verde pequeño permanece al lado de la Centre Court. En letras blancas, se lee: KEEP OFF THE GRASS (Prohibido pisar el césped).

Cuando Eddie Seaward, Jefe de Mantenimiento del césped de Wimbledon desde hace bastante tiempo, llegó en 1990, vio las pistas cubiertas de Poa Annua o Bluegrass, mala hierba, suave y esponjosa, odiada por todos los equipos de mantenimiento de jardineria y Greenskeepers.

El Tenis sobre Hierba también estaba por los suelos, y no por casualidad. La hierba es la más rápida de las tres principales superficies de tenis, seguido de las canchas duras y las de arcilla. En aquel entonces, los grandes jugadores dominadores del servicio y especialistas sobre la arcilla, omitian por completo la temporada de hierba. Para conseguir un bote de la peloma más alto y consistente, Seaward necesitaba una superficie firme, sin la mala hierba que causa los puntos muertos.

Seaward oyó a menudo de los miembros del All England Club, que querían respuestas a los problemas.
“Ustedes están usando mal la hierba.”, les dijo Seaward.

A lo que le respondieron: “No seas tonto, Eddie. La hierba es verde, y crece. “

Parches experimentales de césped del Sports Turf Research Institute (S.T.R.I.)

Parches experimentales de césped del Sports Turf Research Institute (S.T.R.I.)

Finalmente, Seaward convenció a los miembros del Comité de Pistas para visitar el “Sports Turf Research Institute” S.T.R.I. (Instituto de Investigación de Césped Deportivo). Vieron las parcelas de ensayo de césped, todas sus variedades y lo diferentes que podían comportarse. Durante el regreso en tren a Londres, Seaward tenía aprobado un presupuesto de investigación.

Newell llegó a Wimbledon y realizó un análisis botánico. Así comenzó una colaboración entrañable entre Newell y Seaward, unidos por su romance con la hierba. Newell y S.T.R.I. actuan como asesores del césped de Wimbledon. Seaward y su equipo de cuidadores ponen en práctica la mayoría, si no todas, de las sugerencias, sobre todo respecto a fertilizantes y a la siembra.

Newell ya sabía que hay hierbas diferentes que funcionan mejor para diferentes climas, diferentes estaciones, deportes diferentes: “festucas y bentgrasses” para golf; “Rye Grass” para el fútbol, el rugby y el tenis, pero diferentes tipos de “Rye Grass” para cada uno de ellos.

Wimbledon requeria una hierba que pudiera soportar varios días de la fase de calificación y las dos semanas del evento principal y que todavía se vieran en buen estado las zonas de las lineas de fondo. Newell mantuvo el “Rye Grass Perenne”, por su tolerancia al desgaste. A continuación examinó de entre las mejores a más de 100 variedades, adecuadas al alto nivel del mantenimiento de Wimbledon.

Como novedad, la nueva formula de Rye Grass fue introducida en 2001 con críticas muy favorables. Una victoria resonante para la asociación y una venganza de los “geeks” del césped.

La mezcla de semillas actual tiene tres tipos de Rye Grass Perenne: 33% de Pontiac, 33% de Melbourne y 34% de Venice. Se retiró progresivamente la Festuca Roja que se había incluido en Wimbledon desde 1877. En términos sencillos, el césped se desgasta más lento y tiene mejor aspecto. Respecto a sus caras, una es brillante y opaca la otra, ayudando al personal de mantenimiento a cortarlo en diferentes líneas.

En este caso, sin embargo, lo interesante está en la parte inferior del césped. La clave para el rebote perfecto y uniforme en las pistas de Wimbledon es la parte inferior del suelo.

Mirando a ras de suelo, observamos que la hierba de Wimbledon está dividida en secciones, la más pequeña de las cuales es la de color verde. En primer lugar, tenemos una delgada capa de césped, sobre una capa de 10 pulgadas de tierra vegetal, sobre una capa de unión de dos pulgadas, sobre una capa de drenaje de
seis pulgadas y finalmente, abajo del todo, una capa final llamada “Subsuelo de formación.”

Este suelo se compone de arcilla, arena (fina, muy fina, media, gruesa, muy gruesa), lodo, limo grueso y grava fina. La mezcla de Wimbledon es similar a un campo de cricket, que podría contener hasta 40% de arcilla. Un campo de fútbol estaría más cerca de un 95% de arena.

Si el volumen de arcilla en Wimbledon parece un sacrilegio, el ofendido debe saber que se encuentra naturalmente en Inglaterra y que relativamente no está muy lejos de lo utilizado de color rojo en el Roland Garros de Francia.

El Dr. Christian Spring, un científico experto en suelo del S.T.R.I., dijo: “Wimbledon utiliza un típico suelo británico que no drena bien, pero que se endurece cuando se seca para obtener buenos rebote de pelota tan característicos. “

Una bolsa de 55 libras del tipo profesional de estas semillas de Rye Grass Perenne, cuesta de 234$ a 312$. Esto parece un precio pequeño para la reputación de Wimbledon, que se define como máximo exponente respecto a esta superficie de juego.

“Algunos de la comisión dice que es el mejor dinero que hemos gastado”, dijo Seaward del S.T.R.I.

Otro hecho interesante: La International Turfgrass Society se reúne una vez cada cuatro años. Los temas incluyen el control de enfermedades y la resistencia de los patógenos.

La mera visión de Bluegrass Annual hace fruncir el ceño de Newell. Esa hierba, un “primo malo” del Kentucky Bluegrass, es su enemigo declarado, “un bichito atacante”.

Newell ve esto en términos más bien extremos. “¡Ah, la “Batalla Botánica””, dice. “Es una guerra continua. Hay un montón de científicos que no son apreciados lo suficiente. Para la batalla, las cortacéspedes deben estar preparados. Se estudia con que velocidad se expande la mala hierba, que cantidad hay…. Biológicamente, aquí hay dos variedades diferentes de césped que estan librando una guerra! Tiene a los buenos y a los malos! Y nosotros tenemos la ciencia! “

Para este Wimbledon, Newell ha declarado que la batalla ya está ganada. La mayor parte de la misma tuvo lugar en los meses de otoño, cuando Seaward y su equipo emprendió una renovación de ocho pasos que incluye entre otros: el riego (paso 1), aireación (paso 2) y de la siembra (paso 4).

La aireación ó eliminación del fieltro (la temida capa de espesa materia orgánica muerta entre la hoja de la hierba y la tierra) es muy importante, porque el fieltro se infiltra hacia la zona inferior y lo convierte en esponjoso y amortigua el rebote. Para remediar esto, el equipo de mantenimiento realiza con taladros pequeños agujeros en la superficie para dejar que la tierra respire, luego se llena con tierra buena. Es como una inyección de Botox para el pasto.

En invierno, cuando el césped es de color blanco por la escarcha, el personal de mantenimiento advierte que “existe el peligro de romper la frágil hoja de la hierba” y “el césped puede presentar moretones con facilidad.” Incluso las normas de siega son específicas: reducir a 15 milímetros en invierno, 12 milímetros en marzo, 9 milímetros a principios de abril, 8 milímetros al inicio del juego.

En este enfrentamiento botánico, los gurús del césped deben lidiar con los insectos y las enfermedades (de mayor prevalencia con temperaturas altas), el clima extremo y otras criaturas. En Wimbledon, los trabajadores hacen volar un halcón dos veces por semana para ahuyentar a las palomas. En temporada baja, una cerca eléctrica resguarda a la Pista Central disuadiendo a los zorros urbanos, cuya orina es particularmente dañina para la hierba y a los que les gusta tomar el sol sobre el césped.

Una vez que comienza el torneo, el ruido aparece por la mañana con la actividad de los empleados encargados de cortar y marcar las 19 pistas del campeonato. Luego llega Newell, el científico loco por la hierba de Wimbledon. Mide el daño por el pisoteo, el bote de la pelota, la dureza del suelo y el nivel de humedad.

Uno de sus artefactos es un tubo largo de color rojo que deja caer una pelota desde 100 pulgadas de altura y mide su rebote vertical. El equipo hace 24 de estas mediciones en cada una de las pistas todos los días del torneo. El rebote óptimo, medido en graved, es de 170 (lo suficientemente suave para sentir la hierba, pero lo suficiente fuerte como para provocar el rebote previsto, que es 80 por ciento de lo que botaría en una pista de cemento. Cuando la medición sube sobre 200 gravedades, la bola no rebota más alto, y por contra la pista es más susceptible a agrietarse.

Otros métodos son menos científicos. “Andy sale a la pista y mide el color, básicamente”, dice Seaward. “Si todo sale marrón, es que está desgastado.”

Las pruebas adicionales se llevan a cabo en la sede de S.T.R.I., donde artefactos de acero, llamadas máquinas de desgaste, son utilizados para simular un partido de fútbol o tenis. Estos aparatos corpulentos y grises tienen un control por sistema hidráulico, sus ruedas metálicas con picos negros y grises tienen un tamaño de acuerdo a cada deporte. Parecen minitanques.

Una rueda de la máquina se desplaza suavemente, mientras que otra patina, imitando los arranques, paradas y no sólo imitando el pisar el césped. La máquina de fútbol imita el mismo daño que produciría David Beckham y sus compañeros de equipo; la versión para el tenis replica a Roger Federer y sus oponentes.

En el S.T.R.I., tienen su propia quincena de campeonato de Wimbldon, simulado. Doce pasadas sobre la misma superficie es equivalente a un día de juego. Lo pasan todos los días durante dos semanas y miden el daño o, con suerte, la falta de ello. Si todo va bien, Newell, como viene siendo habitual cada año, se corona
campeón.

“Cuando estos suelos arcillosos se secan, se hacen polvorientos. Pueden surgir grietas. El césped consigue realmente mantener el suelo unido, pero cuando el la césped se desgasta, se obtiene estas depresiones, debido a que se seca el barro, se desgasta y se convierte en polvo “-. Christian Spring, científico experto en suelo, sobre las razones por las las lineas de fondo en Wimbledon se ven tan desgastadas al final del torneo.

Los fundadores establecieron el S.T.R.I. en el año 1929. Ellos alquilaron cinco habitaciones en la mansión de St. Ives, sobre el ideal suelo arcilloso para sus experimentos. En aquellos días, las organizaciones de golf de Escocia, Irlanda, Gales e Inglaterra, además de St. Andrews, ayudaron a financiar la investigación. Los primeros clientes incluyen el Redcar Cricket Club y el Cardiff Bowling Club.

Los ingresos del S.T.R.I., alrededor de 4 £ millones (unos US $ 6,2 millones) al año, se inyectan de nuevo en investigación. Cada terreno de juego, cancha o pista tiene una historia. La más loca: unos cuerpos fueron encontrados debajo de una superficie cuando se procedía a intalar un sistema de drenaje. El sitio, al
parecer, había sido construido sobre un cementerio.

El hombre que supervisa este imperio en expansión sobre la investigación del césped, es el Dr. Gordon McKillop, Presidente. Al igual que la mayoría de sus empleados, McKillop llego al instituto de forma casual. Llevaba un programa de investigación que desarrollaba métodos no letales para proteger la tierra y los cultivos de animales como conejos, tejones y zorros. Esto se cruzó con algunas investigaciones del S.T.R.I.. Entonces S.T.R.I. lo contrató.

Más que ninguna otra cosa, McKillop quería introducir normas científicas en un negocio que hasta entonce había trabajado mucho más con las llamada artes oscuras, una gestión de césped “dura” basada en la experiencia y los sentidos.

“La clave es la ciencia de la agronomía tanto como el arte de la agronomía”, dice. “La cuantificación”.

De ahí el “Trueness Meter”, un dispositivo diseñado para leer la suavidad de un campo de golf. Desde hace años, los greenskeepers pueden medir la velocidad del césped sobre la base de cuán lejos y rápido la pelota rodó. El “Trueness Meter”, que cuesta alrededor de 12.000 libras (o 18.700 dólares) y tardó cuatro años en desarrollarse, va un paso más allá, mostrando lo mucho que la bola se movió lateralmente, la forma en que se recuperó, serpenteaba o se desvió.

Debajo de su rígida estructura metálica, hay dos joysticks, y en el centro de dichos joysticks, hay montada una rueda de aluminio que pesa lo mismo que una pelota de golf. A medida que el “Trueness Meter” es empujado a través del césped, la rueda se mueve hacia arriba y hacia abajo, y de lado a lado. Los joysticks registran cuánto se movió la pelota, horizontal y verticalmente. Armados con esos números, los greenkeepers pueden ajustar en consecuencia, el riego y la siega con más precisión. Se puede intervenir antes de que las malas hierbas y las “zonas muertas” se conviertan en problemas mayores.

“Cuando tienes las lecturas, quieres decirle a los jugadores de golf que se quejan,” Los greens están bien. ¡Es usted el que falla! ‘”, Dice Penrose, el Development Manager.

Pregunta: “¿Cómo te metes en algo como esto”?

Dra. Ruth Mann, Jefa de Protección de césped: “Siempre fuí un poquito científico. Siempre estuve con bichitos y animales. ”

Pregunta: “¿Lo mismo que su marido?”

Mann: “No, él es normal. Con los años, el se ha acostumbrado al hecho de que no voy a ser una empleada de banca. Un patólogo estadounidense vino de visita. Mi marido me dijo: ‘Siempre he pensado que eras el único bicho raro en el mundo. Estoy muy contento de que en realidad seais dos'”.

Seaward se retirará a finales de agosto, pero no antes de que concluyan los dos torneos. Cuando le preguntaron si tendría trabajo extra para este verano, con los Juegos Olímpicos que también se llevan a cabo en Wimbledon, Seaward responde con dificultad: “La respuesta es sí. No es bueno. Tengo que reconocerlo. ”

Cuando Wimbledon finalice, los patrocinadores tradicionales serán reemplazados por los Olímpicos. El código de vestimenta, totalmente blanca, desaparecerá también. Seaward, comenta que celebró seis reuniones con los organizadores olímpicos para discutir sobre las astas de las bandera y su colocación para los Juegos.

Por lo general, Seaward y su equipo terminan al día siguiente de la Final Masculina de Wimbledon. Pero no este año. El proceso de extracción de la tierra, que por lo general tarda de tres a cuatro semanas, deberá ser completado en 24 horas.

Para acelerar el crecimiento del césped, los operarios sembraran semillas pregerminadas, que ya están mojadas cuando se siembran en la tierra y por lo tanto ya estan listas para crecer. Esto acortará en tres días el proceso habitual. Además, Seaward comenta que las autoridades planean usar una cubierta de cultivo, que cuando se coloca sobre la pista en un día soleado actua como un invernadero.

Wimbledon ya pasó por algo parecido en el año 2009, cuando se añadió una cubierta retráctil sobre la pista central. Esto también afectó al césped. Cuando la cubierta se colocó sobre el Palco Real en el extremo sur, bloqueó la acción del sol sobre parte de la pista. Fue necesario almacenar la cubierta en la zona Norte.

Más allá del problema de la sombra, los operarios también han introducido un microclima para cuando el techo esté cerrado poder regular el aire, eliminar la condensación y mantener el césped seco. Tienen sensores en la pista conectados con ordenadores, junto con dos estaciones meteorológicas, una en la Pista Central y el otro fuera, para medir y comparar el clima.

“Me preocupaba si el control de aire iba a cambiar la pelota, a moverla”, dice Seaward. “Pero lo hemos conseguido, así que podríamos jugar un partido internacional de bádminton aquí y el aire no movería el volante. “

El resultado final ideal, es un evento deportivo en el que los atletas no se quejan de la superficie de juego, esa es la razón de todas estas preparaciones de este negocio de la gestión del césped. Algo que está al margen de los deportes y sin embargo es tan fundamental en tantos eventos. Estos especialistas
son como la linea ofensiva en ese camino, siempre en el frente cuando algo va mal, y en la retaguardia cuando todo va bien. En esencia, ellos quieren que se eliminen las excusas, en lo que respecta, literalmente, al campo de juego.

La gente pregunta a Seaward continuamente, ¿Puedo reproducir la Pista Central en el patio de mi casa? La respuesta es no, no realmente, a menos que desee cuidar el césped como él lo hace, todo el día, todos los días, en un trabajo a tiempo completo.

La gente pregunta a Seaward todo tipo de cosas:

¿Es de plástico?
¿Puedo llevarme a casa un trozo? Aunque sea sólo una hoja?

Esto es lo que él les dice:

“Es sólo hierba.”

Leido en The New York Times

Por GREG BISHOP en The New York Times
Published: June 24, 2012
Enlace: Wimbledon’s Guardians of Grass Face a Challenging Summer

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